Sábado sabadete…, ¡otra vez en BCN! (y III)

Al día siguiente, nos levantamos con previsión del desayuno con buffet libre. Esta vez, en vez de haber huevos fritos eran revueltos, quitando la gracia principal: mojar la yema al desayunar.

El trabajo lo terminamos antes de lo esperado, ocasionando la partida precipitada al hogar. Justo al llegar el vuelo estaba a punto de salir, adelantándose la hora a la que pensábamos llegar a casa (el puente aéreo tiene muchos menos aviones lo sábados).

El vuelo fue más aburrido que el resto, quizás porque ya no me llaman la atención, así pues, finalizado éste, conocido el camino de salida de la T4 y la ausencia de cola para coger los taxis, llegué a casa en un rato, poniendo punto y seguido a esta aventura por Barcelona.

Sábado sabadete…, ¡otra vez en BCN! (II)

Una vez en el hotel, como es de cuatro estrellas y no vamos de traje, el de la recepción se hace el loco, evitando atendernos… Cuando por fin habla con nosotros, nos dice que no tenemos reservas, sin embargo, oh!, al enseñarle los faxes intercambiados todo cambia… ¡qué despiste tan tonto!

Eran las 21:00 y las tripas pedían cena. La carta del hotel aprovechaba sus cuatro estrellas para tratar de cobrarte el doble de un menú en un sitio “normal” en cada plato, lo que hacía rentable coger el “ferrocata” e ir a Barcelona.

Al llegar a la Plaza de Cataluña, estaba hasta arriba. Parece que son las fiestas de allí. Al menos había un par de conciertos, tiraban tracas (sólo oímos los petardeos) y, en general, todo muy festivo.

Cenamos en una copia de los Fres&Co, llamado OVNI, sin embargo, en este puedes llenarte la bebida cuanto quieras.

En breve trataré de buscar las fotos que hicimos.

Sábado sabadete…, ¡otra vez en BCN! (I)

Como ya comenté, tuvimos que volver el sábado a Barcelona. Es lo que tiene hacer tan bien los números, que la gente pide bises.

Como la actuación comenzaba el sábado a las 8 A.M, era imposible salir ese mismo día, así que, volamos el viernes para hacer noche.

En la T4, nos encontramos con el presentador del tomate, a quien no le deben pagar la clase business, por lo que voló un par de filas detrás de nosotros. Es un problema, porque todo el vuelo lo pasé sin poder decir “… toma que toma, que toma toma que toma, que toma tá…”.

Para evitar esperar toda la cola que se organiza al entrar al avión, nos esperamos en los asientos del aeropuerto hasta que vimos que el finger se vaciaba. Al llegar a nuestros asientos, como todo el mundo había llenado los maleteros, no sabíamos dónde dejar las mochilas y los portátiles, así que, pulsé el botón de llamar a la tripulación. Como no venían, pulsé repetidas veces, lo que ocasionó que viniesen corriendo preguntado quién se moría… no se lo tomaron nada bien. Mi mochila acabó detrás de unos asientos.

Al llegar a Barcelona, el taxista nos dio mil vueltas hasta llegar al hotel. No está muy bien indicado y como no te metieses por la vía de servicio con mucha antelación, ya no había forma de entrar. Al final, llegamos a nuestro destino y el taxista, viendo las vueltas que nos dio, nos descontó casi la mitad de la carrera.