Vaya semanita

Ha sido llegar de vacaciones y comenzar con energía. Cada día he tenido una actuación en un sitio distinto y, para colmo, con distinto repertorio, lo que me ha obligado a preparar la interpretación en casa…

Al menos, parece que no van saliendo mal y como dicen por ahí, lo que no te mata te hace más fuerte.

Tras todos estos días sin hacer caso al blog, ya tocaba una actualización… ¿qué quieres caldo?, ¡toma dos tazas!

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Encerrados en el parking

Ayer, fuimos a Alcalá, pero primero pasamos por un Telepizza para recoger la cena. Como es una calle muy complicada (calle del Ángel), parece ser que tienen un acuerdo con un parking justo al lado, en el que te dejan meter el coche y al pagar la pizza te validan el ticket para que sea gratis.

Llegamos al sitio sin problemas, había otros coches entrando al parking y seguimos tras ellos. Termino de aparcar, un poco complicado, pues es de esos aparcamientos con muchas columnas y descubrimos la sorpresa: estamos encerrados.

La puerta de entrada de vehículos debió cerrarse tras nosotros y el acceso de peatones se abre con llave desde dentro, así pues, los otros que entraron tendrían plaza comprada o similar. No me preocupaba no poder salir de ahí, pues se llama a los bomberos y listos, pero sí me preocupaba sacar el coche, ¡a ver luego cómo me vuelvo a casa si tengo que esperar al lunes a recogerlo!.

Hubo que llamar al Telepizza a que viniese alguien con el mando, pero en ese rato, entro otra persona, así que Alicia se quedó tapando el sensor y pude sacar el coche. Mientras tanto, llegó el Telepizzero alucinando de cómo pudimos meter el coche, pues el parking cierra los sábados a partir de las 15:00.

Labores de mantenimiento

Si alguien ha tratado de acceder en la última hora, habrá visto que el site estaba no disponible (ni me he tomado la molesta de presentar una página de error, simplemente, he tirado el server).

Todo ha sido debido a un major-update del motor del blog, que ha obligado a hacer más cambio de los habituales cuando es una actualización menor.

Ya debería funcionar todo sin problemas.

De vacaciones (y V)

Las vacaciones llegaron a su fin. El hotel estaba a rebosar (viernes Santo), sobre todo de españoles que imagino vamos a Portugal pensando en que todo está barato…

Para salir de Lisboa, forzamos al TomTom para pasar por el puente nuevo, el Ponte Vasco da Gama. Todavía no habíamos salido de Lisboa, cuando Alicia recordó que en un cajón de armario se había dejado un bolso, que resultaron ser dos y un libro… ¡vuelta al hotel!.

Ya, en marcha, el puente es posible que sea de los más largos de Europa. Es impresionante, no parece terminar nunca:



Como el recorrido no era directo, el TomTom empezó a hacer de las “suyas”, indicando que es esta salida cuando en realidad es la siguiente, pero están muy juntas, así que, nos quería llevar por peaje justo cuando acabamos de salir de uno, comenzamos a navegar de forma intuitiva, a ojo… Al final, nos incorporamos a la A-6, dirección Espanha con “sólo” 100 Km de más de la vuelta que dimos…

Volvimos por Badajoz, donde estuvimos un día en Montijo y, otra vez de vuelta a los madriles.

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De vacaciones (IV)

Por fin, fuimos a Belém. Esta vez no hubo cola en el eléctrico, pero sí que nos tocó ir de pie. El tranvía, que sale de la Plaza del Comercio, deja justo delante de los Jerónimos, un monasterio impresionante y quizás lo que más nos gustó.

Como es de rigor, estaba atestado de turistas, pues las hordas de españoles ya estaban por esos lares (ya se notó en el desayuno del hotel), lo que me hace sospechar una cosa: se cobra la entrada. Vamos al principio de la cola, que era para ver el claustro, así pues, tras las excursiones rurales que nos hemos marcado en otras ocasiones, no nos pareció interesante. Lo que sí se podía ver era la iglesia, que es enorme. Como curiosidad, había asiáticos (¿coreanos, filipinos,…?) rezando con gran devoción. También, dentro del monasterio, está la Biblioteca de la Marina.

Justo en frente, están la Doca do Belém y la Doca do Bom Sucesso, donde está el archiconocido Padrao dos Descobrimentos y la Torre de Belém respectivamente.

El monumento a los Descubridores es enorme, tanto que hay un ascensor por el que subir por dentro hasta lo alto. Sólo diré que no subimos, había cola, con lo que ello implica.

Siguiendo por la doca, en la que hay que dar un rodeo, aunque mucha gente lo ignora pese a una placa que lo indica antes de llegar a la entrada de barcos al puerto deportivo, llegamos a la Torre de Belém, a la que también se puede acceder, aunque como estaba hasta arriba, nos conformamos con verlo desde fuera.

Justo al lado, está el Museo del Veterano, en el que hay unos servicios públicos. Alicia tuvo la llamada de la selva, así que, nos dirigimos a ellos. En el de mujeres, había un viejete con una mesa, imagino ávido de ganar un dinerillo por “estar ahí”. No sé si le intimidé un poco al quedarme vigilando, pero no dijo ni pío al pasar Alicia, que decidió que estaban llenos de mugre como para pagar 1 céntimo por su uso. El museo tiene una fachada en la que están todos los que dieron la vida por Portugal, custodiado por un par de soldados, a los que pillamos justo en el cambio de guardia, muy ceremonial. Por cierto, imagino que será un castigo para ellos, ya que continuamente por megafonía suena el Bolero de Ravel… imaginad varias horas de pie y la música machacona sin parar.

Saliendo de ahí, pasamos por el Museo de Arte Contemporáneo, donde la entrada era gratuita y, por tanto, no había cola (¿por qué será?), es que la miel no está hecha para la boca del burro.

El siguiente punto era el Alto da Ajuda, donde está el Palácio Nacional da Ajuda. Desde los Jerónimos, es una cuesta poco llevadera, así que como vimos un autobús que la subía, no dudamos en meternos… craso error, justo entramos, gira a la izquierda y perdemos de vista Belém. Acabamos en un barrio periférico (al estilo de Tricantinolandia), alejado de todo y con el conductor al que no se le entiende nada. Afortunadamente, justo en frente de la última parada tenemos uno que va casi directo a Marqués de Pombal (donde teníamos el hotel).

Aprovechamos para dar la última vuelta y dar la última oportunidad al Elevador de Santa Justa. No sé qué tendrá, pero las colas, da igual la hora que sea, son enormes, así que, nos quedamos con la pena de no poder subir (aunque nos cobrasen por entrar… creo que este caso sí lo justificaba).

Ya aprovechamos para darnos la última vuelta y comprarnos las súper camisetas, días anteriores habíamos visto en el escaparate una camiseta que nos pareció el regalo ideal para un amigo (Smile if you’re gay :)). Decidimos ir a por ella y ya nos animamos a coger para nosotros una que nos identificase. Aunque a Alberto le identificaba la que ponía ” Tell your boobs to stop staring at my eyes”, al final se decidió por una un poco más freak, de una galaxia y un “You are here”. Alicia se dicidió por una que por detrás pone “Women are great leaders, you are following one right now”, ya sabemos su vocación de líder, basta ver cómo maneja los pantalones en casa…

Por cierto, este fue el único día en el que no llovió y estaba despejado, por lo que aproveché para tomar unas vistas desde el hotel.

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De vacaciones (III)

Salimos del hotel con bastante lluvia, pero no sin ánimos de ver, más bien por curiosidad, la Plaza de España. En el camino, pasamos por un Corte Inglés, que nos sirvió de excusa para resguardarnos de la lluvia y comprobar que hasta los chubasqueros habían calado. Como curiosidad, allí tienen un stand de mezclas de café, así como cortadores de jamón para llevar (me pones 100gr. de este 5J). Tras ver que la Praça de Espanha no era nada del otro mundo, cogimos un bus hacia Marqués de Pombal, donde ya enlazamos con el metro hasta Restauradores.

El día anterior, tratamos de ir a Belem, pero como el eléctrico estaba repetado y había cola, hubo cambio de plan. Por otro lado, ya que íbamos a Belem y son típicos los pasteles, sólo los podríamos comprar el último día, para que no se quedasen sin refrigeración un día o más en la habitación del hotel, no fuera a ser que nos cobrasen la luz del frigo de la habitación.

Así pues, fuimos al Bairro Alto, al que subimos en un funicular que se coge justo al lado de la oficina de turismo de Restauradores, en frente al Hard Rock Café. Desde allí, se puede ver Lisboa en un mirador opuesto al Castelo de Sao Jorge. Continuamos por las callejuelas de la zona además de comer POR FIN en un portugués, donde pedí Bacalao à Brás (por la mucha insistencia de SerieZ, pese a que imaginaba que sería el típico Bacalao dorado, como así fue) y Alicia se puso tibia de Borrego Estofado, se lo sirvieron en una olla pequeña, todo ello muy abundante…

Esta zona de Lisboa podría compararse con el Barrio de las Letras de Madrid, con muchas callejuelas y muchos garitos para tomar algo, por lo que la elección de restaurante no fue fácil (seguro que de todos los que hay, elegíamos el peor), así que Alicia se puso a preguntar y al primero que pregunta resulta ser el dueño de uno que, aunque dijo que todos eran muy buenos, el suyo era mejor… ¡qué hacha para el marketing!.

A punto de entrar en un japonés cuyo precio parecía interesante, Alicia entró en una zapatería, donde pensé que iba a comprarse oootro bolso y así fue como localizamos un restaurante local a precio razonable (Bacalao à brás por menos de 15 euros), así que, ahí entramos. Lo primero que hacen los portugueses es ponerte un aperitivo, que en nuestro caso, consistió en un platito de jamón y otro de queso (que olía a mis pies después de un largo día). Como imaginaba que estaría fuera del menú, lo preguntamos, así que, con la triste escusa de que no nos gustaban, nos lo retiraron. Esto parece ser una práctica habitual allí: te ponen algo y si cuela y comes, te lo cobran.

A la salida del restaurante, cogimos un eléctrico, que iba petado, en el que había que empujar para subir/bajar, además que la gente sube antes de dejar bajar. Con él, llegamos a la Basílica da Estrela con algún que otro detalle macabro.

De vuelta, otro eléctrico (no indicado en la guía turística, con lo que nos dio una vuelta por un barrio entero) nos dejó en la Praça do Comércio, lo que aprovechamos para dar otra vueltecilla por Baixa y Chiado, donde descubrimos la Librería Alcalá, especializada en libros en español, aunque en liquidación (Alicia se compró, como no, un libro de Fernando Savater, “El valor de Educar”). También vimos una tienda de tatuajes con un alien recién salido del Nostromo.

Finalmente, aprovechamos para ver una iglesia en Rossio que habíamos pillado siempre cerrada, era curiosa, pues la estructura parecía de hormigón envejecido, realmente no viene indicada en ninguna guía, pero nos resultó muy bonita.

El resto de fotos:

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De vacaciones (II)

Nuestro segundo día de vacaciones empezó con muy buen pie. La tarifa aplicada en el hotel nos incluía Desayuno Americano, que para aquellos que les pase como a nosotros, que no sabíamos a qué se refería exactamente el término americano, os lo contamos: se trata de un desayuno de tipo buffet continental, con bollería, embutidos, zumos, fruta y cafés, además de comida caliente, como creps, tortitas, salchichas, huevos revueltos, bacón, patatas fritas…

Tras inflarnos a comer cosas de todo tipo (al menos 4 platos, siguiendo la gama de dulce a salado), salimos de nuevo rumbo a la aventura. Nuestro plan incluía la visita al Castillo San Jorge, desde el que se divisa una panorámica de toda la ciudad. La subida fue sin problemas, ya que el “eléctrico” no iba saturado de gente, el problema vino al comprobar que la entrada al castillo era de pago… que para ver la ciudad desde lo alto, como lo podemos hacer en otros tantos puntos, no merece la pena. Aprovechamos para visitar la zona alrededor del castillo para terminar en el mirador de Santa Lucía.

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Tras la vista al castillo nos pusimos rumbo a la antigua Expo-98. Para ello, basta con pillar la línea vermelha (roja) de metro y bajar en la última parada (Oriente). A la salida, tenemos el centro comercial Vasco de Gama.

Alicia aprovechó en el H&M para comprarse una chaqueta, pues el chubasquero que llevó era lo más parecido a una sauna unipersonal, sin transpiración ninguna).

Tras salir del centro comercial, fuimos a la cabecera del teleférico para dar un paseillo y ver toda la zona desde lo alto, además, de llevarnos justo al lado del Oceanario, pues nos equivocamos y pateamos el recinto en sentido contrario. Como sólo está sostenido por un brazo, era divertido balancearlo, aunque Alicia no piensa lo mismo.

Ya en tierra firme, aquello parecía un colegio en la hora del recreo… todo lleno de excursiones con críos chicos.

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A la salida, sobre las 17:00 (hora local), aprovechamos para comer, nada más portugués que un KFC en el C.C. Vasco de Gama. Justo al lado, en la zona de restaurantes del centro comercial,vimos algo más que peculiar: Burger King asegura en los anuncios que la Alioli Supreme y Brava SÓLO están disponibles en España, además de presentarlo de forma jocosa con los portugueses y franceses. Pues bien, esto es FALSO, también se venden allí. Pudimos sacar una foto (pues está prohibido) tras comentar al encargado esta situación y que nos hacía mucha gracia… no sé si entendió lo que le comentamos de los portugueses tratando de saltar la frontera para comerla.

Por cierto, en el post anterior lo olvidamos comentar, cenamos en un chinese (chino en portugués). Pues bien, NUNCA OS ECHÉIS SALSA AGRIDULCE, o al menos probarla antes: pedimos una ensalada china y como estaba un poco simple al faltar el aderezo blanco que usan aquí, Alicia le echó la mencionada salsa. Resultó que aquello era el infierno líquido, picaba como varios demonios. Sin exagerar, sólo el roce con los labios picaba, además de dejarlos rojos a ronchas (como Carmen de Mairena). Afortunadamente, no pasó lo “mismo” al día siguiente por el lado opuesto…

De vacaciones (I)

Esta semana de vacaciones que hemos tenido ha tocado desconectar del todo. Alicia buscó un hotel en Lisboa que no tuviese WiFi ni nada parecido, además, al estar en tarifa de roaming, la conexión por móvil a Internet sería complicada (o muy cara).

Primero fuimos a Montijo, donde estuvimos un par de días y aprovechamos para ver a la familia, pues hacía tiempo que no íbamos. En el camino de ida, paramos a comer justo a la salida de los túneles del puerto de Miravete:

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Tras este breve paréntesis, pusimos rumbo a Lisboa. El TomTom no dio ningún problema, pasamos por el famoso puente 25 de Abril, muy parecido al de San Francisco. Aquí podemos ver el vídeo:



Llegamos finalmente al hotel Park Atlantic, de la cadena Tiara, pero cuando reservamos era de Le Meridien (cadena de los Sheraton). Paramos el coche en la puerta, pero como no es de gama alta, el aparcacoches sólo nos dijo por dónde ir para meterlo en el parking. Tras dejar el coche aparcado, subimos al hotel con las maletas, cuando un botones nos ve e insiste en ponerlas en un carrito, además de acompañarnos a hacer el check-in. Más tarde, nos subiría las maletas a la habitación, lo que me recordaba a aquellas películas cuando el botones pone la mano y le pegas el chicle que tienes en la boca.Después de dejar las maletas y comprobar que el hotel era una auténtica pasada, con unas vistas increíbles, comienza la visita:

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Podemos ver desde fotos del viaje de ida hacia Lisboa, la habitación del hotel, fotos de Rossio, Plaza de Restauradores, paseo marítimo, Plaza del comercio, Barrio de Pescadores, Catedral de Lisboa y el Parque de Eduardo VII.

Lo primero que hicimos, fue ir a la estación de Metro, a por un plano. Allí había una oficina de atención al cliente, así que, aprovechamos para preguntar. Nos remitieron a Restauradores, donde hay una oficina de información turística de la que salimos llenos de planos y con una nueva misión: conseguir un 7Colinas, un ticket que se recarga por los días que quieras que permite subir a cualquier transporte por 3,5 euros.El boleto es curioso, no es de plástico, sino cartón, con un chip RFiD que abre los tornos con sólo acercarlo. El cartoncillo es bastante endeble y hay puestos en la calle que los plastifican, pero como no hace falta sacarlo del monedero…

El metro de allí sólo tiene cuatro líneas: amarilla, azul, roja y verde. Luego, están los autobuses y los famosos eléctricos, los tranvías, que no han variado desde los años 40. Con tanta alternativa, no hizo falta usar ni un sólo día el coche, que descansó a lo largo de los cuatro días que estuvimos por allí.

Vergüenza, y no ajena, que es peor

Hoy, al salir de un cliente, ya en la calle, me ha pasado algo curioso:

Estoy esperando un taxi para volver al cubículo, hasta aquí todo bien. Llega el taxi, me monto y al sentarme se oye como un pedo. Sabía que no había sido yo, pero el sonido provenía de mi, así pues, era imposible que fuese un simple gas.

Temiéndome lo peor, hago como que no he oído ni sentido nada, le indico dónde ir, pero la ruta inicial va a sufrir un ligero cambio, voy a casa directo. Le pido el ticket de rigor, pago y salgo del coche, eso sí, sin dar la espalda al taxista, pues imagino que sabrá qué ha pasado y querrá verlo.

Justo en ese momento, cuando el taxi se va, me doy cuenta que no tengo las llaves de casa al no tener prevista esa parada extra. Por suerte, está el portero, que me abre, puedo entrar al portal y allí, en la intimidad, comprobar que mis sospechas son ciertas. Se me ha rajado el pantalón. Está claro, una señal del destino que dice que tengo que adelgazar ya mismo.

Llamo a Alicia, que pese a que estaba con un humor de perros, al enterarse de la noticia, no dejaba de reírse. Rápidamente, me deja las llaves y puedo entrar en casa a cambiarme. Ya puestos, aprovecho para comer y salir pitando al cubículo.

Creo que es la primera vez que rompo por el culo un pantalón. Realmente un momento mágico, pero por suerte, rumbo a casa para solventarlo.

Ática

Esta semana he estado en Pozuelo, concretamente en el complejo Ática:

Atica

Es curioso, allí hay algo de Terra, pero, sólo viendo el cartel que tiene (y que no he retocado ni invertido), dan ganas de huir de este dinosaurio del Internet:

Terra

Como podéis ver, está dado la vuelta y pegado con cinta de embalar.