Dichoso cambio horario

Otra vez el dichoso cambio horario. Hasta ahora, me había incomodado únicamente por el transtorno que produce esa hora de más o de menos, aunque tras mi viaje a Seattle y mis contínuos idas a Portugal, una hora es algo que no noto.

El problema viene que no se cambia la hora el mismo día en Europa y en Estados Unidos, así que, tengo un carajal de apuntes en la agenda (pues el Outlook se actualiza solo) que no veas, ya no sé si siguen siendo a la misma hora, si son una hora más tarde, más temprano… En definitiva, un carajal muy grande.

Así pues, ya tengo otro argumento más para esta estupidez del cambio de hora.

Por cierto, si UK tiene una hora menos, ¿por qué España no?, ¿acaso estamos “cerca” de Italia o Grecia con quienes compartimos horario?. Lo dicho, de traca.

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En Bilbao

Esta semana he estado por Bilbao, concretamente el jueves, pues aunque salí el miércoles, llegué pasadas las doce de la noche.

El viaje lo hice en coche, pues en cuatro horas (o menos),  es fácil plantarse allí. La idea era salir el miércoles a las 18:30 como muy tarde, pero estuve en una conferencia con un posible cliente que se alargó hasta pasadas las 20h, por lo que entre los preparativos previos, salí cerca de las 21h.

En la anterior empresa, ya había ido muchas veces a Burgos, así que conocía el camino sin problemas, pero no había pasado más allá hacia el norte, salvo para ir a Asturias/Santander. En este caso, se coge una carretera de peaje, que me hace gracia, pues pone “Red de carreteras del estado”… ¿del estado?, ¡pero si es de peaje!.

Al llegar allí, el dichoso GPS de Nokia comienza a dar de las suyas, pero finalmente consigo aparcar en el parking Pío Baroja. Creo que debe haber algún tipo de innibidores de frecuencia, pues nunca había visto al GPS tan loco, perdiendo cobertura cada dos por tres.

Del parking, pasamos al hotel… o mejor dicho, al hostal. Sí señores, un hostal y no es que tenga problemas económicos, sino es que parece ser que hay una feria en la cicudad (¿Ferroforma?) y todos los hoteles suben los precios de locura, así que, el Hostal Begoña fue lo único a precio razonable (al mismo precio que un cuatro estrellas de Barcelona al que suelo ir). Como no estoy acostumbrado a los hostales, me resultó bastante raro eso de ir a un piso, antiguo y muy grande, aunque completamente reformado, para dormir.

Al día siguiente, todo el día de reuniones. Al mirar en el mapa los diversos puntos a los que tenía que ir, pensé que estarían muy lejos, pero ¡qué va!, es muy pequeño y pude ir andando, salvo a un pueblo cercano que ya tocó coger el coche. Por suerte, amaneció un buen día, un poco de frío por la mañana, pero después ya se podía ir sólo con la chaqueta:

Mirando el Nervión

Mirando el Nervión

Finalmente, terminadas las reuniones, sobre las 19h, tocó retirada y vuelta al hogar. Lo bueno es que a la vuelta, había algo de luz y pude ver un poco el paisaje de la zona, pues la noche anterior (o mejor dicho, esa misma noche) no pude ver nada.

Por cierto, el Guggenheim es más pequeño de lo que parece y no, no fui de pintxos, sino a un Burger King.

Hacia Toledo

Ayer tocó darse una vuelta por Toledo.
A la ida, por la R4, pude ver el residencial Francisco Hernando, alias Pocerolandia:

Pisos en mitad de la nada

Pisos en mitad de la nada

Paré en una gasolinera deltante de la urbanización y no pude resistirme a hacerle la foto. Estás en mitad de ninguna parte, y de repente, todos esos pisos.

Por cierto, no vi ni un solo cartel de “Se vende”, y es raro, pues esos son los pisos que dan hacia la autovía y más visibilidad tendrían.

Vecinos…

Tengo una lavadora puesta y empieza a sonar ruido de tubería saliéndose… Tras el susto y ver que no es ningún problema interno, me doy cuenta de dónde viene; el vecino de arriba está ¿baldeando? la terraza y todo el agua me está cayendo en la ropa que tengo tendida… Ahora está moviendo todos los muebles de un lado a otro, algo que hace con mucha frecuencia.

Desde Seattle (y IV)

Finalmente, aquí vienen las fotos que tomé en mi aventura en Seattle.

Tenemos fotos desde la terminal 5 de Heathrow, con la escalera mecánica más larga de todo el aeropuerto, pero esta vez, no como cuando fui a ver a Alicia, que la vi por fuera, sino esta vez montado en ella.

La mayoría de las fotos son nocturnas, pues al salir del trabajo ya era un poco tarde. Desde fotos del downtown, hasta las cenas con todos los compañeros. También hay fotos desde las oficinas y hasta una galleta de la suerte que no tiene mala pinta… a ver si es verdad.

Finalmente, tenemos fotos de la casa de un compañero, quien se ofreció a llevarnos a CostCo y a Fry’s para comprar, así que luego, en su casa nos deshicimos de todos los embalajes.

Por cierto, al ver en el aeropuerto publicidad de la empresa, fue obligado hacernos fotos.

http://picasaweb.google.com/s/c/bin/slideshow.swf

Desde Seattle (III)

El viernes fue el último día en Seattle, así que el día anterior, fuimos a “celebrarlo”, o visto de forma profesional, hacer “team-building”.

Otra vez más, más whisky shots, eso sí, no cualquier cosa, sino Jameson.

El viernes, de camino al aeropuerto, fuimos a Costco, una especie de Makro, pero con electrónica, y a Fry’s, un megastore de ordenadores. Aproveché para comprar un disco duro externo y un maletín-trolley para el portátil muy majo y tirado de precio.

Para comer, fuimos a un Jack in the Box, una cadena de hamburguesas, para probar la auténtica comida basura (pues las otras que he comido eran en sitios “buenos”). Para beber, no sabía si una “root beer” o un Dr. Peeper, decidiéndome por el último, el cual tiene un sabor a piruleta muy extraño.

El vuelo salía a las 18:40, así que antes, para no levantar sospechas, tiramos todos los embalajes de los productos y pasar por aduanas como usados. Una tontería, pues mi vuelo a Londres, no pasé por ninguna (era una conexión entre vuelos) y al llegar a Madrid, por ser vuelo Europeo tampoco.

Como en el vuelo de ida, lo primero que hice fue cambiar la hora del reloj y tratar de hacer lo mismo que haría en ese momento. De las 18:40, pasamos a las 3:40 de la mañana, así que tocaba dormir, lo que se hizo complicado, pues pasan para darte la cena y tenía otra razón importante para tratar de no dormir: Como el vuelo pasa por la bahía de Hudson y Groelandia, así que sabía que podría ver la aurora boreal. Fue alucinante, me desperté tras varias horas de vuelo, abrí la ventana y ahí estaba, ese resplandor fantasmagórico, en mi caso verdoso, con un suave moviemiento. Realmente increíble.

El vuelo llegó a las 12:15 a Heathrow, a la terminal 5, asi que tocó coger un autobús interno del aeropuerto hasta la terminal 3. Si la aurora boreal fue increíble, ver a Stephen Hawking pasando por la terminal casi más. Me habría acercado por un autógrafo, pero, no creo que fuese oportuno.

Ya de vuelta, tras más de 15 horas de viaje, cada segundo de más, al esperar la maleta, al metro, al tren se me hacía insoportable, además, tenía la cabeza como un bombo y un ataque de alergia (ojos colorados, aunque el izquierdo como un tomate por el champú).

En cualquier caso, ya estoy en casa, una aventura muy interesante, ha conocido al resto de mis compañeros y al CEO, he estado en la sede de mi empresa y un poco de turismo (nocturo) por Seattle. Es llegar y ya estoy deseando volver.