Pasividad (de la gente/sociedad)

Yendo a comprar al Carrefour que tengo al lado de casa, veo, junto a la rampa de acceso un carro de la compra abandonado que dificulta el paso.

Pasando de lado sigo mi camino, hacemos la compra en no más de 20 minutos y vuelta a 127.0.0.1 otra vez.

Hasta ahí todo bien, porque… El carro sigue ahí, nadie se ha dignado a quitarlo… es sólo empujarlo un poquito, lo justo para no molestar, además del peligro de que se vaya hacia la rotonda y se lo coma un coche.

Esto me recuerda a un experimento que hice una vez en la Biblioteca de la Politécnica de Alcalá: en mitad del pasillo, puse un par de sillas que no dejaban pasar. La gente, al llegar pasaba como podía, como si las sillas dieran calambre, sin tocarlas, sin apartarlas, sin… darle una patada aunque fuese.

El carro lo he lanzado cuesta abajo, donde no molestará en mucho tiempo (da a zona de mantenimiento). Las sillas las quité cuando me cansé de tan lamentable espectáculo.

Redecorando el hogar

Como leéis, hemos estado redecorando la casa, pues como sólo contiene un armario, estábamos un poco al límite.

Hemos sustituido dos zapateros (uno de plástico a la entrada y otro en la habitación, de madera que usábamos a modo de baldas).

Ahora tenemos un zapatero de verdad, en la entrada, sin los zapatos a la vista ni por ahí tirados y un armario en la habitación.

Además, para el “Cuarto Oscuro” hemos comprado unas baldas, pero esas tocan para el puente que viene.

Lo mejor ha sido el precio tan bueno que nos ha hecho Carrefour, debemos ser muy buenos clientes y han premiado nuestra fidelidad.

Para rematar, nos hemos llevado el carro… parecíamos dos homeless con sus cosas, o mejor aún, un par de yonkis.

Terminado de montar todo (menos las baldas), hemos usado el carro para llevar todos los cartones y lo hemos devuelto a su legítimo dueño.