Por fin vacaciones (IX)

Ya nos hemos despedido de Briones y hemos puesto rumbo a Lleida, hacia los Jardins del Segrie.

En el camino, paramos en Zaragoza, donde vismos El Pilar y la Torre de la Seo, además de dar una vuelta por la zona y aprovechar para comer. Llegamos a Lleida sobre las cinco de la tarde, así que rápidamente, para aprovechar el día, preguntamos a dónde podríamos por la zona.

En Lleida ciudad, dimos una vuelta rápida, por la zona de la estación y la rambla, además de subir al castillo, desde el que se ve toda la ciudad, pero fuimos un poco tarde y preferimos no estar mucho más tiempo (había gente algo rara pululando por ahí).

De ahí salimos hacia Alguaire, donde hay un mirador, pero en vez de ir con GPS, fuimos a “pelo”, con pequeña pérdida y cambio de sentido incluido. Una vez llegamos al mirador, el camino era muy rústico, es decir, sin asfaltar, optando por no seguirlo para evitar posibles problemas. Continuando por la misma vía, llegamos al aeropuerto de Lleida, el cual está todavía en obras, pero su torre de control es muy chula.

De vuelta al alojamiento, es de los pocos que hemos visto en los que no te la “clavan” por comer allí, así que unas tapitas y, como no hay que conducir, una copita de sangría.

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De vacaciones (II)

Nuestro segundo día de vacaciones empezó con muy buen pie. La tarifa aplicada en el hotel nos incluía Desayuno Americano, que para aquellos que les pase como a nosotros, que no sabíamos a qué se refería exactamente el término americano, os lo contamos: se trata de un desayuno de tipo buffet continental, con bollería, embutidos, zumos, fruta y cafés, además de comida caliente, como creps, tortitas, salchichas, huevos revueltos, bacón, patatas fritas…

Tras inflarnos a comer cosas de todo tipo (al menos 4 platos, siguiendo la gama de dulce a salado), salimos de nuevo rumbo a la aventura. Nuestro plan incluía la visita al Castillo San Jorge, desde el que se divisa una panorámica de toda la ciudad. La subida fue sin problemas, ya que el “eléctrico” no iba saturado de gente, el problema vino al comprobar que la entrada al castillo era de pago… que para ver la ciudad desde lo alto, como lo podemos hacer en otros tantos puntos, no merece la pena. Aprovechamos para visitar la zona alrededor del castillo para terminar en el mirador de Santa Lucía.

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Tras la vista al castillo nos pusimos rumbo a la antigua Expo-98. Para ello, basta con pillar la línea vermelha (roja) de metro y bajar en la última parada (Oriente). A la salida, tenemos el centro comercial Vasco de Gama.

Alicia aprovechó en el H&M para comprarse una chaqueta, pues el chubasquero que llevó era lo más parecido a una sauna unipersonal, sin transpiración ninguna).

Tras salir del centro comercial, fuimos a la cabecera del teleférico para dar un paseillo y ver toda la zona desde lo alto, además, de llevarnos justo al lado del Oceanario, pues nos equivocamos y pateamos el recinto en sentido contrario. Como sólo está sostenido por un brazo, era divertido balancearlo, aunque Alicia no piensa lo mismo.

Ya en tierra firme, aquello parecía un colegio en la hora del recreo… todo lleno de excursiones con críos chicos.

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A la salida, sobre las 17:00 (hora local), aprovechamos para comer, nada más portugués que un KFC en el C.C. Vasco de Gama. Justo al lado, en la zona de restaurantes del centro comercial,vimos algo más que peculiar: Burger King asegura en los anuncios que la Alioli Supreme y Brava SÓLO están disponibles en España, además de presentarlo de forma jocosa con los portugueses y franceses. Pues bien, esto es FALSO, también se venden allí. Pudimos sacar una foto (pues está prohibido) tras comentar al encargado esta situación y que nos hacía mucha gracia… no sé si entendió lo que le comentamos de los portugueses tratando de saltar la frontera para comerla.

Por cierto, en el post anterior lo olvidamos comentar, cenamos en un chinese (chino en portugués). Pues bien, NUNCA OS ECHÉIS SALSA AGRIDULCE, o al menos probarla antes: pedimos una ensalada china y como estaba un poco simple al faltar el aderezo blanco que usan aquí, Alicia le echó la mencionada salsa. Resultó que aquello era el infierno líquido, picaba como varios demonios. Sin exagerar, sólo el roce con los labios picaba, además de dejarlos rojos a ronchas (como Carmen de Mairena). Afortunadamente, no pasó lo “mismo” al día siguiente por el lado opuesto…