De cena en Roma

El viernes 19, tocó cena de empresa, pero como en España no somos muchos, la cena la hicimos con todo el Sur de Europa, así que la ciudad elegida fue Roma.

Al tratarse de un viernes, aproveché para estar todo el finde y como las parejas también estaban invitadas, tuvimos el sábado para ver Roma, pues el domingo salimos a las 11 de la mañana y no daría tiempo de nada.

La verdad es que Roma no me ha gustado mucho (me gustó mucho más Milán):
1) Tráfico caótico: Si un coche para en el paso de cebra es porque no te pudo esquivar. Encima, te hacen malos gestos para pasar ejerciendo tu derecho de peatón.
2) Todo lleno de ruinas. Sí, lo sé, será arte y todo lo que quieras, pero, después de ver Gladiator, ves el coliseo todo derruido y da penica.
3) Es cierto que otros edificios molan, como el Panteon, aunque por fuera está muy mal, por dentro es impresionante la cúpula.
4) Todo muy sucio, mucha basura por la calle. En Milán se podía comer en el suelo en comparación.

En cualquier caso, es una experiencia más, que siempre viene bien conocer más lugares.

Cena de ¿empresa?

Este jueves se suponía que debía asistir a una Cena de “Empresa”. Lo pongo entre comillas, porque de empresa tiene que van sólo los compañeros de trabajo, es decir, cada uno paga lo supuestamente suyo…

Sobra decir que no he ido, pues:

1) Cubierto desorbitado: 35 pavos por cabeza… No me lo gasto con Alicia ni con mis amigos, ¿me lo voy a gastar con los compañeros de trabajo? (sin acritud).

2) En Madrid: Lo que implica parking, llegar a casa a las mil y madrugar al día siguiente… ¿o es que acaso me van a dar la mañana libre?.

3) Estoy de guardia: Últimamente es un sin vivir, así que, seguro me llaman y tengo que salir pitando.

Evidentemente, la excusa perfecta oficial ha sido la 3ª, pero la 1ª y 2ª tenína un gran peso…