Por fin vacaciones (IV)

Hoy hemos ido a Sargadelos, a ver el hogar de la famosa cerámica. La fábrica, junto con su galería, en Cervo, es interesante de ver: Desde las típicas piezas en blanco y azul, hasta piezas hechas por estudiantes, de lo más variadas. El único problema es el precio, pues sinceramente creo que se suben a la parra un rato.

Comprados los recuerdos de rigor, tratamos de ver Ribeiras do Sor; y digo tratamos pues creo que no conseguimos llegar, pero sí estuvimos en un antiguo puente, sobre la playa de El Barquero. Tras muchas vueltas por carreteras de las que sólo cabe un coche y cruzando los dedos para no encontrar uno de frente, llegamos a la general, por donde fuimos a Ortigueira a comer a un bar cercano a la playa.

Durante la comida, Alicia comentó que Santiago de Compostela está a sólo una hora y media de allí, así que, ni cortos ni perezosos fuimos para allá.

Una vez allí, vimos la catedral por dentro, infectada de gente que, sinceramente, en formas dejan mucho que desear: si no saben comportarse ni controlar a los críos, que no vayan a determinados sitios, pues sólo incordian.

Finalizada la visita a la catedral por dentro y comprados los imanes de la nevera de rigor (aunque sin termómetros, un lástima, pues es una manía que tengo), decidimos volver, pues todo estaba lleno de gente, o mejor dicho zombies que se mueven de forma aleatoriamente errática.

Al pasar por Mondoñedo, Alicia aprovechó para comprar una herramienta para el Fimo que se quedó con ganas el otro día y en Madrid es bastante más cara. También compramos un par de generosas raciones de empanada en “O Rei das Tartas” muy ricas, con masa de pan y nada grasientas.

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Por fin vacaciones (III)

Hoy nos ha costado un poco levantarnos, pero parece que ha sido todo planeado, pues eso nos ha permitido ir a la Playa de las Catedrales con la marea baja.

El sitio es muy interesante: grandes paredes de rocas, con cuevas… el problema es que los famosos arcos no los vimos, pero ya lo volveremos a intentar. Otra problemática es que hay pocos accesos, ya que es un acantilado con playa de arena en el fondo, por lo que sólo se puede bajar por determinadas escaleras. Si te animas y empiezas a andar, como te suba la marea, puede ser un problema, pues en el acantilado había mejillones y percebes hasta a un metro y medio de altura, así que como te atrape el mar, posiblemente tengan que venir a rescatarte. Nosotros nos fuimos cuando el agua nos empezaba a llegar a las rodillas.

Al salir de ahí, estuvimos bordeando la playa, cotilleando un poco todos los chalets que hay en la zona. En todo caso, llevamos un par de días con mucha suerte, pues el sol no nos ha abandonado en ningún momento.

Para comer fuimos a Abadín, en el restaurante Niza, que nos recomendaron los dueños de la casa rural. Sinceramente, no es un sitio al que entraría de motu proprio, pero la verdad es que genial. Un chuletón de buey de 1Kg, todo rosita por dentro y que se cortaba como mantequilla con un cuchillo caliente. Excelente en todos los sentidos.

A la vuelta, pasamos por Mondoñedo, dode vimos la catedral, la cual tiene restos de la catedral de St. Paul de Londres, cuando Enrique VIII se cambió de religión y animó a todos los demás a hacerlo (y por tanto, cambiar la decoración). Estuvimos tomando un cafetillo en “O rei das Tartas”, justo enfrente. Dicen tener la tarta más galardonada, pero sinceramente, las cosas con cabello de ángel y almendras, no son lo mío. Quisimos ver las “Covas do rei Cintolo”, pero no es algo apto para domingueros, sino que hay que llevar casi equipo de espeleología. Finalmente nos contentamos con una vista al barrio de los molinos, de la misma localidad, donde hay riachuelos de aguas transparentes en plena calle que sirven para mover molinos.

Como curiosidad, en pleno pueblo, había una tienda de manualidades, donde Alicia aprovechó para comprar un kit de Fimo a precio realmente bueno. Ahora a ver si le da por usarlo y diversifica el “negocio” del Swarovski.

Tras los 10Km de paseo por Mondoñedo (bendito GPS), ya estábamos un poco cansados, así que pusimos rumbo a casa y nos dormiremos en breve.

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No sólo de Linux vive el "friki"

Pues sí, no sólo me “alimento” de Linux, sino que he descubierto una afición nueva: el Fimo

¿Qué es el FIMO?: Es una especie de pasta, como plastilina, pero que al meterlo al horno, endurece. Hay de todos los colores y con todos los “efectos” (con jaspeados, brillos…).

Alicia, en su afición con los abalorios, me descubrió este tipo de modelado, pues en ese “mundo” se usa bastante. Evidentemente, no me voy a poner a hacer pendientes, pero sí pequeñas esculturas y lo que vaya surgiendo, como piezas “custom” para el arduino (como por ejemplo, sujetar la webcam y cosas así).

Por lo pronto, he cambiado el llavero. Antes llevaba uno de RedHat que me dieron en un curso y ahora…

Calavera de FIMO