Den Haag y London

Esta semana he tenido un training interno de la empresa. Para ello, he tenido que ir a la sede para Europa en La Haya (Den Haag).

El vuelo, mucho más barato haciendo escala en Londres, fue el miércoles por la mañana, con British Airways hacia London Gatwick. En el camino, con la BA te dan un pequeño almuerzo, pues el vuelo era desde la T4S (esa sí que es multicultural: vuelos a Sudamércia, África…) a las 12:00. Además, como iba casi vacío, nos dejaron repetir.

Poco antes de llegar a Reino Unido, con la costa a la vista, unas turbulencias bastante movidas le dieron un poco de vidilla al vuelo. Uno de los asistentes de vuelo cayó contra los asientos y el aparato dio un par de bandazos estilo montaña rusa, pero bueno, quedó en un susto y la demostración que ahí arriba, el avión está a merced de todo.

Al llegar a Gatwick, tocó cambio de avión, así que buscando desde dónde salia el mío, pues no decía en el billete a qué terminal ir, tocando preguntar si a Amsterdam se sale desde la terminal North o la South. Previo control de seguridad desde la zona de tránsito, me dejaron pasar al Lounge donde esperar para ver a qué puerta ir.

Una vez en el avión de la British hacia Ámsterdam Schiphol (esjifol, como lo pronuncian), resulta que la tripulación es la misma y cuando me ve el azafato (en la recta hacia su jubilación) me reconoce y me pregunta si he ido desde Madrid. Explicado el porqué me veía dos veces ese día, continuamos el vuelo.

El vuelo desde Londres a Ámsterdam dura poco más de una hora. Al llegar a Holanda, se puede ver cómo donde no hay edificaciones, los campos se ven encharcados. Aquello me recordaba a las típicas imágenes aéreas tras una inundación.

Una vez en el aeropuerto de Schiphol, toca pasar el control de seguridad, que es un poco más estricto incluso que Londres, ya que preguntan a qué vas, cuánto vas a estar… Lo curioso es que a la salida también (y entran ganas de decir que te has cansado de fumar porros y por eso te vas).

Como tengo que ir a La Haya y el taxi es prohibitivo, cojo un tren que sale desde el propio aeropuerto. Al llegar al anden, me pareció ver un Den Haag y ahí me metí, a lo loco. Al ponerse en marcha, me entraron las dudas y tocó tirar de GPS para ver por qué vía iba y en qué sentido. Al final, todo bien y llegué a la CS (Estación Central). Al salir, el aparcamiento de bicicletas es inmenso, no cambe ninguna… ¿cómo reconocen cuál es la suya?, ¿estando todas tan apelotonadas cómo la sacas?.

En taxi llegué al hotel. Allí, la bajada de bandera son 7.5 y durante un buen rato no cuenta el taxímetro. Además, mientras estás parado se ilumina otra luz que imagino que será la tarifa de parado. El check-in en el hotel, sobre las siete y media, como siempre, sin problemas, pero por si acaso, lo llevaba todo bien impreso.

Para cenar, pregunté en recepción dónde, además del restaurante del hotel, podría ir. Me dijeron cómo llegar a una calle comercial, así que fui para allá esperando ver un McDonald’s o similar, pero nada, lo único abierto a esa hora y familiar eran un par chinos. Por fin de decidí por uno, pero la carta. además de chino, venía en ¿nerlandés?, así que, menos mal que tenían una carta en inglés y me recomedaron bien qué podría pedir para cenar: unos noodles con carne.

A la vuelta, andando con calma, vi unos detalles curiosos de las casas: muchas tenían mástil, como para poner una bandera. Las ventanas son muy grandes y no tienen cortinas (se lo pregunté a los compañeros al día siguiente y me confirmaron que es famoso el no tener cortinas. Parece que mucha gente, en vez de ir a ver escaparates, va a ver casas). Luego están los canales que se pueden ver en alguna calle, el tranvía (mejor no excavar para hacer metro). A la vuelta al hotel pude ver que está al lado de museo de ciencias, pero a las nueve de la noche, es como las tres de la mañana en España, pues todo está cerrado y sólo tú vas andando por la calle.

Al día siguiente, sobre las ocho tocó ir al curso. Lo da un compañero que ha venido de la sede central, de Estados Unidos, así que con el jet lag (9 horas de diferencia) estaba un poco incómodo. A las doce de la mañana, a comer: un catering trajo una especie de sopa verde muy densa con trozos de salchicha y verduras, además de unos bocadillos diversos. El problema de comer tan temprano, es que a las tres y media parece que ya son las siete.

Sobre las seis de la tarde terminamos la sesión y a cenar. Pensaba que iríamos a algo típico (al Crazy Pianos, por ejemplo), pero no, a un mexicano. Tras explicarles que la cerveza Corona en España se llama Coronita, pedí un pollo picante. A las ocho ya habíamos terminado y estábamos de camino a un Cubano a tomar una copichuela (qué fallo no haber pedido un mojito y pedir cocacola).

A la vuelta al hotel, trasnochando, sobre las nueve de la noche, lo hice en tranvía, cogiendo el 14. Es un poco caro, 2.45 euros el ticket que como no lo entiendo, no sé si es por un viaje o por todo el día. El travía me dejó en el museo que está pegando al hotel.

Al día siguiente más de lo mismo, tranvía hacia la oficina y curso. Al terminar, como mi vuelo no salía hasta las nueve de la noche, me quedé un rato aprovechando el Internet y terminar unos temas, además de poder ir de copas (una cocacola) con los compañeros en un bar cercano. Dicho bar, tenía una escalera llena de zapatos con regalos dentro, y es que en Holanda, celebran San Nicolás, que es el día 5 de Diciembre.

Para ir a la estación, aproveché que en un cuarto de hora andando se llegaba para ir tranquilamente haciendo turismo y tratar de ver algo más, además, ese día no nevó como el anterior, así que no hacía tanto frío. Un problema de estos dos días allí es que tanto a la ida a la oficina como la vuelta era de noche, así que las fotos que tengo son muy oscuras y con mucho ruido, además de movidas.

Una vez en el aeropuerto, pasé el control de pasaporte, pero nada de enseñar el portátil, arco de seguridad… pero esa comodidad no sería eterna, pues aquí los tienen justo antes de entrar al avión, lo que no me queda claro es cómo diferencian si la botella de Bombay Sapphire la has comprado dentro o la traes de casa…

Como es viernes y el vuelo hace escala en Londres, ¿por qué no pasar el finde con Alicia?. Dicho y hecho, Alicia ya me estaba esperando en la nueva terminal 5 de Heathrow, desde donde fuimos en el tube hasta Finchely Road y de ahí al estudio en bus. Llegamos cerca de la una de la madrugada. Ya sólo me falta el aeropuerto de London City.

Al día siguiente, un poco de turismo a ver lo que me faltaba por ver: el Borough Market (lleno de todo tipo de comida), London Tower y Tower Bridge. De allí, fuimos a comer a un pub, en Liverpool Street y al museo de ciencias para ver lo que no pudimos del fin de semana anterior (pues me llamaron del curro y tuve que salir pitando). Al cerrar el museo (a las seis de la tarde), para evitar la avalancha humana en el transporte público, nos fuimos a tomar un café tranquilamente para hacer tiempo. A la vuelta, desde South Kensington, todo tranquilo salvo la zona de Harrod’s, que está de bote en bote, lleno de gañanes en medio de calle haciendo fotos que no temen a los mastodónticos autobuses de dos plantas.

El domingo, como el vuelo es a las siete de la tarde y hay que salir, como pronto a las cuatro, mejor quedarse por la zona, así que fuimos a Golders Green y comimos en un hindú que no estuvo mal. De ahí, se coge el A6 hacia Standset de National Express y en una horita en el aeropuerto, que estaba de bote en bote.

Como vamos con mucho tiempo, hasta ahora no hemos tenido problemas, pero había españoles que habían perdido el vuelo y estaban un poco enfadados… lo peor es que se quejaban que no había carteles en español. Por suerte, cogí el vuelo el domingo, pues hoy, lunes, ha estado cortado el aeropuerto por unas protestas y han cancelado bastantes vuelos.

Aquí podemos ver unas fotos de esta interesante aventura por La Haya:

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Y unas fotos de Londres:

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Otra vez más Londres

Poco más tengo que decir que no haya comentado Alicia en su post

Lo peor fue recibir la llamada de un cliente y tener que salir pitando a casa a solucionar el problema y que los museos cierran demasiado temprano y no dio tiempo a ver el de Ciencia.

Por cierto, el IMAX tampoco es para tirar cohetes.

Semana de muchos vuelos

Tras el viaje a Porto la semana pasada, tenía previsto ir a Londres a ver a Alicia desde el viernes al lunes (pedí un par de días de vacaciones). De esta visita, Alicia hizo un extenso post contando lo que hicimos.

De este último viaje, llegue a casa el lunes a las 22:00 y me puse a todo gas a preparar el training que tenía que dar al día siguiente, en Valencia. Tras una siesta de 3 horas, a las 4:00 A.M en pie para salir hacia allí en coche. La verdad es que no lo voy a volver a repetir, no es en absoluto bueno conducir con tanto sueño… tuve un par de “sustos” con las bandas sonoras. Traté de parar un par de veces, incluso para dormir algo, pero nada, no hay manera, pues sólo de pensar que paro el coche y me van a robar, no consigo dormir.

Finalizado el training, sobre las 20:00, de vuelta a Madrid. Llego a casa a las 23:30, preparo la maleta pues a las 6:10 sale un avión hacia Lisboa con una plaza a mi nombre. Me vuelvo a echar una sieta y rumbo al aeropuerto. Esta vez, al menos, el training lo pude dar en español, pues uno de los asistentes no entendía el inglés. Una vez finalizado éste, salimos en coche (pero esta vez yo iba en el asiento trasero) hacia Porto, donde al día siguiente me esperaba otro training.

En Porto, fuimos a “La Capa Negra”, un sitio especializado en “francesinhas”, un plato típico de la ciudad que or recomiendo busquéis y tratéis de hacer en casa… yo lo comería, pero tiene mucho queso. De vuelta al hotel, resulta que me dieron una habitación de fumadores y no era posible el cambio, pero bueno, con tanto sueño y lo tarde que era, tampoco estaba para armar mucha guerra por eso.

El jueves, al finalizar el día, el partner me llevó al aeropuerto donde me esperaba un vuelo de ¿regreso?, noooo, de ida a Londres. Tenía previsto ir a Estados Unidos el domingo, pues tenía reunión allí el lunes y martes, así que, como no hay vuelo directo, era necesario hacer transbordo desde, por ejemplo, Londres, lo que me daba la oportunidad de ver a Alicia un par de días.

Al final, la reunión fue cancelada una semana antes, pero como los vuelos ya estaban cogidos y pagados al final volé de Porto a Londres, trabajando desde allí el viernes. El vuelo que he podido cancelar ha sido el transatlántico, aunque no sin cierta penalización.

Imagino que tras ver todo esto, es comprensible que haya olvidado el blog todos estos días.

In London

Este fin de semana, ya no había excusa para ir a ver a Alicia allá en Londres, así que, pillé un vuelo de EasyJet para ir, hasta Luton. Este aeropuerto, está algo alejado de Londres, pero si reservas tu plaza de bus en EasyBus, por pocas libras te deja en pleno centro en menos de una hora.

Para la vuelta, cogí un vuelo de Iberias o British Airways, pero desde Gatwick. El vuelo salía bien de precio, pero el aeropuerto está en el 5º pino, así que, lo que te ahorras en vuelo, lo gastas en taxi, o mejor dicho, minicab, que tienen buenos precios a los aeropuertos. También hay EasyBus, pero como el vuelo salía a las 9:00 y se tarda, en taxi, 1.5 horas, habría que salir muuuuy temprano y a esas horas, hay menos transporter (sólo las líneas con N delante de Night)..

Sobre lo que vimos por allí, lo que más me llamó la atención era la multiculturalidad, imagino que será debido al Imperio Británico y los acuerdos con las colonias. De todo, lo que más me chocó eran los burkas que se podían ver demasiado a menudo.

No sólo hay multiculturalidad exótica, sino que también hay españoles currando allí. En el StarBucks, juraría que una camarera era española. Y no sólo atendiendo, los turistas españoles son como una plaga. Se creen que nadie les entiende y sólo van diciendo chorradas, además de ir montando el numerito: si hay tarima en el Museo Británico, se tienen que poner a taconear, si las puertas son estrechas, se tienen que parar en ellas para hablar… Si es que vamos dando la nota.

Por lo demás, corto y pego lo que ha comentado Alicia, que tiene buena memória para acordarse de todo lo que vimos:

Alberto llegó el viernes a la hora de la comida y fui a buscarle cuando terminé las clases en la academia a Finchley Road. Me dio un buen susto, pues yo creía que la parada era más adelante y al no verle, casi me da un vuelco el corazón. Una vez que nos encontramos, sacamos la Oyster (tarjeta de transporte) que, en caso de estar pasando unos días aquí, si cogemos la modalidad Pay as you Go (prepago), nos sale como mucho a 4′80 Libras al día, para el metro en las zonas 1 y 2, y los autobuses de todo Londres.
Nos fuimos en Tube a Leicester Square, donde podemos encontrar box offices donde las entradas para los mayores espectáculos de la ciudad salen a mitad de precio (aproximadamente). En esta plaza (pronunciada |L´ester| compramos las entradas para el musical “Sound of Music” y decidimos comer en Pasta Hut ( no me he equivocado, es la última campaña aquí de la firma Pizza Hut). Después de comer había mucho que ver… fuimos a Picadilly Circus y desde allí bajamos a Trafalgar Square, pasamos por delante de Buckingham Palace, vimos lo de la representación de la caballería y andando hacia la zona de Westminster pasamos por Downing St, donde no pudimos saludar a Gordon Brown y llegamos al Big Ben. Vimos las Houses of Parliament y Westminster Abbey, (que a pesar de conseguir entrar diciendo que iba a acudir a misa, perdí a Alberto por el camino y no entramos finalmente).
Llegados a este punto en el que la jaqueca que el niño traía no nos permitía continuar sightseeing, decidimos irnos acercando a donde veríamos la obra musical. Nos tomamos unos cafelillos en un Starbucks de Bond St y ya una vez repuestas las fuerzas, anduvimos hasta Picadilly Circus. En la paralela a Regent St encontramos el London Palladium Theatre y nos dispusimos a hacer cola.
Disfrutamos de esta maravillosa adaptación, donde el público vibró con la obra. Podemos decir que me dieron escalofríos al poder escuchar en directo algunas de mis canciones favoritas. Hay que decir que la puesta en escena fue espectacular, aunque el principal protagonista el Sr. von Trap no era nada del otro mundo y su voz dejaba bastante que desear llegando incluso a equivocarse y en una ocasión toser a mitad de una canción…

Luego tocó retirada, compramos un tradicional fish ‘n chips en un puesto de la calle, nos lo llevamos a casa y aquí lo cenamos. No estaba para tirar cohetes, pero menos da una piedra. Después de la cena, a dormir.
El sábado desayunamos como unos campeones, pues todavía me quedaba mucho por enseñarle a Alberto de mi nueva residencia. Subimos andando a Golder’s Green, donde tomamos el autobús equivocado y para colmo en sentido más equivocado todavía…. Nos bajaríamos en Hendon Central y desde allí finalmente cogimos el 113 a Oxford Circus. El plan del día era ir a Hyde Park, así que cogimos la Central Line y fuimos hasta Marble Arch, saliendo por Speaker’s Corner, ya en el parque. Anduvimos un montón, vimos ardillitas que se acercan a los paseantes, hicimos parte del paseo dedicado a Lady Di y caminamos por la orilla del lago donde había muchos patitos. Vimos también la fuente dedicada a Diana de Gales y tras una hora y pico de caminata llegamos a donde era mi sueño llegar, a ver Peter Pan.
La estatua del niño que nunca quiso hacerse mayor es relativamente pequeña, por base tiene una especie de montículo, donde encontramos los personajes de los cuentos: hadas, conejos, ratoncillos,… Es una auténtica maravilla, al menos para los admiradores del Sr. Barrie.
Vimos también la estatua a la energía y el movimiento, y el monumento al Prince Albert. Por último y para envidia de mis amig@s músicos, deciros que vimos el Royal Albert Hall…
Desde este punto, cogimos un autobús hacia Tottenham Court Road, y desde este punto visitamos la zona del Soho y Chinatown, donde por un módico precio se puede degustar un buffet, y comprobar que la comida china, es siempre igual, aunque aquí la modifican añadiendo celery (¿en español?).
Una vez recargadas las pilas, nos acercamos andando al British Museum, donde me pude dar cuenta que los británicos son, ciertamente, unos piratas, pues tienen las mayores riquezas del mundo antiguo, me pregunto ¿habrá quedado algo en Egipto? Aunque al mismo tiempo también es cierto que no todos íbamos a poder ir a Egipto a verlo todo, ¿no?
Una vez cerrado el museo, teníamos que volvernos al hogar, pues estábamos agotados. A mitad de camino, paramos a descansar y tomarnos un agüita, desde el local llamamos a los distintos minicabs que yo tenía las tarjetas, y comprobamos que de mi casa a Gatwick nos costaba 52 GBP, decidimos que dormir una hora más merecía la pena, lo reservamos y volvimos a Golder’s Green donde cenamos en un restaurante judío. Cenamos pescado a la brasa con chips, un mixed mezé y un flan de limón y tarta de manzana, además de un típico té británico (por cierto, no sé qué es lo que le ven).
Una vez cenados e hinchados de tanto comer nos volvimos al hogar, ya para reposar.
A continuación os dejamos las fotos de nuestro fin de semana:

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Más trainings

No, no me he olvidado del blog, pero estas dos últimas semanas han sido bastante movidas.

Como sabéis, la semana pasada tuve el training en Lisboa y esta, he tenido el de Barcelona y, en un momento, el de Madrid. Además, el domingo se fue Alicia.

En breve comentaré más detalles de las aventuras que me acontecen en los trainings y qué cosa nueva (y friki) he preparado en casa (naaa, en 10 minutillos ya estaba).

Ya estamos de vuelta…

Han sido dos semanas (o mejor dicho tres) bastante moviditas:

Para empezar, se suponía que iba a ir a Londres, pero al final, me ha surgido la oportunidad de un nuevo trabajo, poco antes de hacer la reserva del curso de Inglés (el día antes), a la que no me he podido resistir.

Por otro lado, como el nuevo trabajo me obliga a viajar mucho y tampoco tengo que ir a una oficina, si no que lo puedo hacer todo desde casa, necesitaba otro piso y Alicia estar cerca de “su gente”, así que, nos hemos mudado a Alcalá, dejando Tres Cantos y el mini-piso de una habitación y alquilando uno de tres, así cada uno tiene su despacho.

Con todo, os podréis imaginar el trajín de mudanza que nos hemos comido (salir del antiguo curro para empaquetar e ir llevando a Alcalá, limpiar la nueva casa, pedir la baja del ADSL en la antigua y el alta en la nueva, cambiar recibos…). Lo mejor de todo, es que ni un segundo de descanso, pues la incorporación al nuevo trabajo ha sido inmediata, con un fin de semana por medio en el que estuvimos dando los últimos coletazos al piso de Tres Cantos.

Ya iré contando las nuevas aventuras que me esperan…