In London

Este fin de semana, ya no había excusa para ir a ver a Alicia allá en Londres, así que, pillé un vuelo de EasyJet para ir, hasta Luton. Este aeropuerto, está algo alejado de Londres, pero si reservas tu plaza de bus en EasyBus, por pocas libras te deja en pleno centro en menos de una hora.

Para la vuelta, cogí un vuelo de Iberias o British Airways, pero desde Gatwick. El vuelo salía bien de precio, pero el aeropuerto está en el 5º pino, así que, lo que te ahorras en vuelo, lo gastas en taxi, o mejor dicho, minicab, que tienen buenos precios a los aeropuertos. También hay EasyBus, pero como el vuelo salía a las 9:00 y se tarda, en taxi, 1.5 horas, habría que salir muuuuy temprano y a esas horas, hay menos transporter (sólo las líneas con N delante de Night)..

Sobre lo que vimos por allí, lo que más me llamó la atención era la multiculturalidad, imagino que será debido al Imperio Británico y los acuerdos con las colonias. De todo, lo que más me chocó eran los burkas que se podían ver demasiado a menudo.

No sólo hay multiculturalidad exótica, sino que también hay españoles currando allí. En el StarBucks, juraría que una camarera era española. Y no sólo atendiendo, los turistas españoles son como una plaga. Se creen que nadie les entiende y sólo van diciendo chorradas, además de ir montando el numerito: si hay tarima en el Museo Británico, se tienen que poner a taconear, si las puertas son estrechas, se tienen que parar en ellas para hablar… Si es que vamos dando la nota.

Por lo demás, corto y pego lo que ha comentado Alicia, que tiene buena memória para acordarse de todo lo que vimos:

Alberto llegó el viernes a la hora de la comida y fui a buscarle cuando terminé las clases en la academia a Finchley Road. Me dio un buen susto, pues yo creía que la parada era más adelante y al no verle, casi me da un vuelco el corazón. Una vez que nos encontramos, sacamos la Oyster (tarjeta de transporte) que, en caso de estar pasando unos días aquí, si cogemos la modalidad Pay as you Go (prepago), nos sale como mucho a 4′80 Libras al día, para el metro en las zonas 1 y 2, y los autobuses de todo Londres.
Nos fuimos en Tube a Leicester Square, donde podemos encontrar box offices donde las entradas para los mayores espectáculos de la ciudad salen a mitad de precio (aproximadamente). En esta plaza (pronunciada |L´ester| compramos las entradas para el musical “Sound of Music” y decidimos comer en Pasta Hut ( no me he equivocado, es la última campaña aquí de la firma Pizza Hut). Después de comer había mucho que ver… fuimos a Picadilly Circus y desde allí bajamos a Trafalgar Square, pasamos por delante de Buckingham Palace, vimos lo de la representación de la caballería y andando hacia la zona de Westminster pasamos por Downing St, donde no pudimos saludar a Gordon Brown y llegamos al Big Ben. Vimos las Houses of Parliament y Westminster Abbey, (que a pesar de conseguir entrar diciendo que iba a acudir a misa, perdí a Alberto por el camino y no entramos finalmente).
Llegados a este punto en el que la jaqueca que el niño traía no nos permitía continuar sightseeing, decidimos irnos acercando a donde veríamos la obra musical. Nos tomamos unos cafelillos en un Starbucks de Bond St y ya una vez repuestas las fuerzas, anduvimos hasta Picadilly Circus. En la paralela a Regent St encontramos el London Palladium Theatre y nos dispusimos a hacer cola.
Disfrutamos de esta maravillosa adaptación, donde el público vibró con la obra. Podemos decir que me dieron escalofríos al poder escuchar en directo algunas de mis canciones favoritas. Hay que decir que la puesta en escena fue espectacular, aunque el principal protagonista el Sr. von Trap no era nada del otro mundo y su voz dejaba bastante que desear llegando incluso a equivocarse y en una ocasión toser a mitad de una canción…

Luego tocó retirada, compramos un tradicional fish ‘n chips en un puesto de la calle, nos lo llevamos a casa y aquí lo cenamos. No estaba para tirar cohetes, pero menos da una piedra. Después de la cena, a dormir.
El sábado desayunamos como unos campeones, pues todavía me quedaba mucho por enseñarle a Alberto de mi nueva residencia. Subimos andando a Golder’s Green, donde tomamos el autobús equivocado y para colmo en sentido más equivocado todavía…. Nos bajaríamos en Hendon Central y desde allí finalmente cogimos el 113 a Oxford Circus. El plan del día era ir a Hyde Park, así que cogimos la Central Line y fuimos hasta Marble Arch, saliendo por Speaker’s Corner, ya en el parque. Anduvimos un montón, vimos ardillitas que se acercan a los paseantes, hicimos parte del paseo dedicado a Lady Di y caminamos por la orilla del lago donde había muchos patitos. Vimos también la fuente dedicada a Diana de Gales y tras una hora y pico de caminata llegamos a donde era mi sueño llegar, a ver Peter Pan.
La estatua del niño que nunca quiso hacerse mayor es relativamente pequeña, por base tiene una especie de montículo, donde encontramos los personajes de los cuentos: hadas, conejos, ratoncillos,… Es una auténtica maravilla, al menos para los admiradores del Sr. Barrie.
Vimos también la estatua a la energía y el movimiento, y el monumento al Prince Albert. Por último y para envidia de mis amig@s músicos, deciros que vimos el Royal Albert Hall…
Desde este punto, cogimos un autobús hacia Tottenham Court Road, y desde este punto visitamos la zona del Soho y Chinatown, donde por un módico precio se puede degustar un buffet, y comprobar que la comida china, es siempre igual, aunque aquí la modifican añadiendo celery (¿en español?).
Una vez recargadas las pilas, nos acercamos andando al British Museum, donde me pude dar cuenta que los británicos son, ciertamente, unos piratas, pues tienen las mayores riquezas del mundo antiguo, me pregunto ¿habrá quedado algo en Egipto? Aunque al mismo tiempo también es cierto que no todos íbamos a poder ir a Egipto a verlo todo, ¿no?
Una vez cerrado el museo, teníamos que volvernos al hogar, pues estábamos agotados. A mitad de camino, paramos a descansar y tomarnos un agüita, desde el local llamamos a los distintos minicabs que yo tenía las tarjetas, y comprobamos que de mi casa a Gatwick nos costaba 52 GBP, decidimos que dormir una hora más merecía la pena, lo reservamos y volvimos a Golder’s Green donde cenamos en un restaurante judío. Cenamos pescado a la brasa con chips, un mixed mezé y un flan de limón y tarta de manzana, además de un típico té británico (por cierto, no sé qué es lo que le ven).
Una vez cenados e hinchados de tanto comer nos volvimos al hogar, ya para reposar.
A continuación os dejamos las fotos de nuestro fin de semana:

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En Milán

Esta semana me ha tocado ir a Milán por motivos laborales.

En principio, tenía que ir los días 10 y 11, así que, aprovechando que el 9 era festivo en Madrid, en vez de ir ese día a última hora para hacer noche directamente, ¿por qué no ir en el primer vuelo y ver un poco Milán?.

Llamamos al hotel que me habían reservado mis compañeros de Italia, el Novotel Malpensa (al lado del aeropuerto del mismo nombre) y nos comentaron que la habitación doble era indiferente que fuesen una o dos personas, sólo tendríamos que pagar los desayunos, así que, pillamos un par de vuelos: la ida con EasyJet y la vuelta con Vueling.

Salimos de la Terminal 1 de Barajas y llegamos a la 2 de Malpensa. Ambas antiguas y pequeñas. Hicimos el check-in en el hotel, dejamos los petates y nos fuimos a Milán.

Llegamos a la Estación Central y de ahí, en metro (un bono de un día entero para todo tipo de transporte por 3 €) a Il Duomo. Desde ahí a la Galería de Victorio Emanuelle que hay en esa misma plaza y a comer, pues ya eran las 14:30 y por esos lugares no acostumbran a comer tan tarde… Es más, tuvimos que pedir la pizza rapidito porque cerraban la cuccina: Nada que ver con los “telepis” ni similares… por 7 € nos pusieron una pizza recién hecha en horno de leña casi como una familiar de grande. Además, unos spagetti carbonara por 7 € con el que comen perfectamente dos personas… ¿quién dijo que Italia es caro?, ¿dónde comen por 15€ dos personas en Madrid?, ni si quiera en un McDonald’s…, porque, en los italianos aquí te sangran pero bien.

Por la tarde, tratamos de ir a ver “La Última Cena” o como ellos lo llaman Cenacolo Vinciano, pero era necesario reservar por teléfono (el lunes lo habíamos intentado, pero estaba comunicando continuamente), así que, no sirvió de nada pedir por favor que nos pasaran y que era nuestro único día en Milán.

Un par de temas que tenía pendiente en Italia son los helados y el café. Los helados, qué decir, impresionantes. Es realmente una crema, no un bloque congelado, con hielitos cristalizados, como aquí. Fuimos a un sitio que tenía más de siete tipos distintos de chocolate, y la copa de “dos bolas” (porque la llenaban a rebosar) eran sólo 2,8€… ¿cuánto cuesta aquí algo igual?.

Nos acercamos al Castello Sforzesco, donde lo que nos asombró fue que en España no cuidamos debidamente las antigüedades, pues dicho castillo está perfectamente conservado y cuidado.

Para acercarno nuevamente al centro más turístico, subimos por una calle que es de las más comerciales de Milán, con las típicas tiendas que también nos podemos encontrar en la calle Preciados de Madrid.

Luego, tocaba el café, recomendándonos el “expresso”… era como un dedal de café, casi cafeína pura.. sólo para yonkis.

Tras darnos un par de paseos por otra calle comercial, donde nos comimos un Pretszel (típico panecillo alemán), acabamos tratando de volver al mismo restaurante de la comida, pero decubrimos que éste sólo abre por las mañanas. Nos metimos en uno aledaño, donde cenamos por 25 € un calzone y unos Orecchiette acompañados de salchichas y picante.

Salimos corriendo hacia la estación de Cadorna para coger el Malpensa Express, un tren que lleva desde Milán al aeropuerto, ¡pero… sorpresa! ya no había más trenes, sólo podíamos volvernos en autobús. que, casualmente, acababa de irse, así que como sólo hay uno por hora, nos tocó esperar una horita a pie quieto en la parada del autobús que a su vez era de taxis. Llegamos al aeropuerto, tras una siesta (pues son 45 minutos de viaje) y de nuevo al hotel para descansar.

Los dos días siguientes, fueron días de trabajo continuo, pero la tarde del miércoles, un compañero italiano y su novia nos llevaron a la zona de marcha de Milán, que está un poco alejada del centro. Estuvimos cenando en un restaurante muy chulo a la orilla del Naviglio, una especie de canal por el que circulan pequeñas embarcaciones. Mientras estuve trabajando por la mañana/tarde, Alicia aprovechó para ir ella sola a Milán y comprar los regalos.

Finalmente, el jueves, al terminar de currar, salimos pitando al aeropuerto para volver a Madrid… Arrivederci Milano!

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