Semana en Barcelona

Esta semana la he pasado casi entera fuera de casa, en Barcelona.

Todo surge con la fiesta de empresa (a la que llamaron Navidad Die Hard), este viernes 13. Pues bien, forzando unos proyectos de fecha, éstos se finalizan y cierran (lo que me debe dejar la semana que entra tranquila) y puedo estar allí, oh casualidad, en la fiesta de empresa.

La semana fue complicada, ya sabéis que me va la marcha, y cuando tengo excursión, el tiempo se exprime a tope. Uno de los días,  del jueves al viernes, la intervención duró hasta las 5:30 de la mañana, para luego a las 9 estar otra vez en la oficina. Eso sí, me fui pronto a dormir una siesta y tener algo de aguante para la fiesta de esa misma noche.

Se celebró en el MauMau, un local ciertamente alternativo. Tanto, que la comida parecía una mezcla entre happy meal y picnic typical Spanish: una caja con croquetas, tortilla, queso, pa amb tomaquet,… La verdad es que está claro que lo mejor fue la fiesta en sí misma y la compañía: todos los compañeros de la división nos hicimos fuertes en unos sofás. Parecíamos mafiosos controlando el catarro (ojo con meterse con los de networking).

Aquí la foto del delito:

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Alegres vecinos

Hoy ha tocado reunión de compañeros del curro. Después de cenar, volviendo a casa dando un tranquilo paseo, se oye a lo lejos un gentío cantando.

Mientras vemos las luces del piso de los vecinos encendidas, pensamos que podrían ser ellos. Conforme nos acercamos, quizás por efecto de la propagación del sonido dejamos de oirlo, así que, lo más seguro es que se tratase de un grupo de botelloneros que pasaban.

Llegamos al portal y todo en calma, lo que confirma la hipótesis de los del botellón.

Al salir del ascensor vamos que nos hemos equivocado, son los de la puerta de al lado, que se deben estar despidiendo del piso, pues su casero les ha dicho que se tienen que ir.

Ahora mismo es la una y media de la madrugada. Siguen cantando a grito pelao, otros hablan de sus cosas y mientras, no se dejan de oir botellas moviéndose.

De fiestas

Estos días ha estado la bitácora un poco abandonada, pero con las fiestas, tanto de empresa como de amigotes, ha sido complicado.

La primera fue el cocktail de la empresa, donde fuimos Alicia y yo. Fue casi toda la gente y Alicia pudo, por fin, poner cara de la gente que hablo.

Como al día siguiente teníamos que trabajar, nos fuimos pronto (a las 2:00 A.M en casa). ¡Hubo gente que llegó a casa más allá de las 6!. Aún habiendo llegado pronto, el viernes, fue interminable… además de tener otra fiesta, esta vez con los Teleñecos (antiguos amigos de Teleco).

A mitad de tarde del viernes, hubo algún momento de crisis, de no querer ir, pero, después de organizar todo (Alicia se estuvo peleando para conseguir un consenso), gente que ha cambiado turnos y para una vez que nos vamos a ver todos, había que ir.

Como no reservamos, a ver dónde se meten 15 personas a la vez, así que, terminamos en un Vips, a las mil, cenando hasta la hora de cierre.

Ya sólo quedan las fiestas familiares, además de no tener que trabajar en estos días.