Desde el Sur al Norte (de España)

Otra vez no he vuelto a postear en dos semanas… pero incluso en fin de semana he estado liado preparando las reuniones y demos.

La primera semana de Febrero ha sido para el sur de España, haciendo Madrid-Murcia-Madrid y Madrid-Tenerife-Las Palmas-Madrid, lo que me ha tendido 3 días fuera. La semana siguiente ha sido el norte, donde finalmente hice Madrid-Bilbao-San Sebastián-Madrid y luego Madrid-Oviedo-Gijón-Madrid.

El viaje a Murcia lo hice en tren, que se tardaba más o menos lo mismo que en coche y me permite trabajar mientras. Con el GPS medí algún tramo a 180 Km/h, lo que no está mal y las paradas son muy rápidas, tanto que como no estés en la puerta al llegar en la estación, quizás te tengas que bajar en la siguiente. Nunca había estado en Murcia y por suerte no me hizo mucho frío ni llovió. Ese lunes, llegué un poco tarde a casa, pues llegué de vuelta a Chamartín a las 23:30.

Al día siguiente, martes, a Canarias, donde la primera parada fue Tenerife, en el “famoso” aeropuerto de Tenerife Norte. Según me contó la gente de allí, parece que al encargado de hacer el aeropuerto le preguntaron dónde NO había que construirlo… y lo edificaron ahí mismo. Al ir llegando, el piloto comentó que trataría de aterrizar en él, pero que si no podía, iríamos a Tenerife Sur… Unos días antes hubo riadas en Tenerife y una especie de tormenta tropical todavía estaba por la zona, pero en las últimas. Por las calles todavía había barrillo en las aceras y en verjas se veía suciedad a más de un metro de lo que arrastró la riada, además de garajes achicando el agua tras la inundación. Tenerife está a la bajada de un barranco y el agua acaba llegando en forma de riada cuando llueve en La Laguna (en la zona alta).

Arco Iris en Tenerife

Arco Iris en Tenerife

En Tenerife

En Tenerife

Mi idea de Canarias es la visión de Lanzarote que he visto en fotos, por lo que Tenerife me ha sorprendido muchísimo. Todo muy verde, pero verde tropical intenso. Imagino que debe llover regularmente, pues estando por allí, chispeaba de forma contínua… pero bueno, como he comentado, la tormenta estaba en sus últimas horas.

Por la tarde cogí un vuelo de Binter Canarias para ir de Tenerife a Las Palmas. La idea inicial era coger un ferry, pero por previsión de la tormenta, cogí el avión. Es la primera vez que voy en uno de hélices (que como las mueven, pueden ir marcha atrás) y no se va tan mal como pensaba, pues de ruido hace más o menos lo mismo y el trato, pese a ser un vuelo de media hora, me dieron agua y una chocolatina típica de allí, las Tirma.

Al llegar a Las Palmas, aeropuerto de Gando, me entró un momento pánico: pensaba que había llegado a otro aeropuerto distinto, pues según la publicidad de Binter en el avión, había varios posibles destinos dentro de Gran Canaria. Por otro lado, al ser una base militar, pensaba que era algún tipo de aeródromo, y un avión de RyanAir me hizo sospechar que era un aeropuerto secundario. Al final resultó que sólo ese era el único aeropuerto. Para ir hasta la ciudad, como está un poco alejado, cogí un autobús, pero los jubilados guiris italianos, que no entienden qué es una cola, hicieron complicado la subida al autobús.

Ya en la ciudad, como de costumbre, fui a cenar a un chino, donde pude comprobar que es igual que en Madrid. También fui de decomisos y bazares en busca de electrónica a bajo coste, pero creo que es  un mito. Quizás hace años sí merecía la pena, pero no hay nada como tener a Alicia con Internet y llamarla para comprobar precios en tiempo real.

Al día siguiente, tras las reuniones, llegué al aeropuerto justo cuando la puerta de embarque abría, con apenas 15 minutos antes de que el avión salga. Parte de la culpa del retraso, la tuvo la comida en un japonés con el cliente, donde el camarero se pone a cocinar en tu mesa… Cuando en el control un pasajero se “atascaba” al pitar en el detector y no dejaban pasar al resto, me entraron los mil males… siempre viene bien algo de acción. El cielo, tanto a la ida como a la vuelta, estaba un poco cubierto, mi ventana daba al Atlántico, no hacia la costa y no se veía mucho, así que sólo tenía como alternativa divertida dormir durante el vuelo.

En la siguiente semana, hice los viajes en coche. Tenía una demo en Bilbao y salí temprano. La verdad es que por allí todo bien, pero lloviendo, pues la dichosa tormenta de Canarias había subido hacia la península. En San Sebastián, donde fui por la tarde, me cayó una buena lluvia, justo cuando iba andando… menos mal que el chubasquero y paraguas oficiales de mi empresa me protegieron bien, pero el trolley se mojó bastante, entrando un poco de agua.

A la vuelta, vino lo peor, pasando Burgos, a 130 Km de Madrid y sobre las 23:00, me reventó la rueda trasera derecha. Lo único que noté fue que, al adelantar a un camión, comenzó a vibrar el coche y hacer un extraño sonido. Pensaba que era el pavimento, pero cambiando de carril seguía igual… poco a poco el ruido se hizo peor y me hizo sospechar de la rueda (pensaba que era la delantera derecha), pero como no quería estar de noche y lloviendo en un arcén cambiándola, seguí conduciendo más despacio hasta la primera gasolinera. No fueron más de 10 Km, pero la rueda quedó totalmente destrozada y humeante cuando paré:

Rueda Reventada (I)

Rueda Reventada (I)

Rueda Reventada (II)

Rueda Reventada (II)

Como ya tengo práctica, en 10 minutos ya estaba de continuando el camino, pero con un intenso olor a goma quemada dentro del coche. Al día siguiente, por la tarde, fui a Norauto y cambié las cuatro, que ya tenían 50.000Km y casi 3 años, por lo que ya les iba tocando (aunque podrían haber aguantado un poco).

Tras el viaje del lunes, el miércoles salí por la tarde hacia Oviedo, donde hice noche para evitar el palizón. Cogí un hotel muy céntrico, cerca de ¿la catedral?

¿Catedral de Oviedo?

¿Catedral de Oviedo?

Para cenar, fui a un chino, como es mi costumbre para saber si es igual de todas partes. La verdad que el pollo al limón fue muy raro y no me gustó… Además, entraron un par de yonkis al restaurante pidiendo un plato de arroz y pensé que terminarían atracándolo, ya sería la guinda final.

Al día siguiente, por Oviedo ya nevaba un poco al ir por la calle andando. De allí, a medio día salí hacia Gijón, donde seguía nevando.

En Gijón

En Gijón

Por cierto, para una de las reuniones, la dirección no venía en el GPS (calle nueva y planos no actualizados), así que terminé buscándola en Google Maps y algún gracioso puso la empresa en otro sitio, por el centro de Gijón, cuando en realidad está en las afueras… Nada mejor que un poco de stress para seguir con el día.

De Gijón salí sobre las 18:30 nevando, con obligación de cadenas en Pajares. Afortunadamente, la autovía de peaje no pasa por allí, pero sí estaba toda nevada… tanto, que íbamos todos los coches detrás de un camión que nos iba abriendo camino. Los quitanieves estaban funcionando en sentido contrario (bajada del puerto), pero a la subida, los tres carriles sólo eran uno e íbamos a menos de 50 Km/h. Algún 4×4 se atrevía a adelantar, pero lo peor eran los flipaos que con un astra o similar se atrevían a ir por la nieve. Pasado uno de los largos túneles la nieve se acabó, pero seguíamos a -10 ºC. Finalmente, llegué a casa, más o menos tarde, pero sin percances ni reventones, eso sí, el coche llegó un pelín sucio (y con nieve todavía en la matrícula):

Coche tras el viaje

Coche tras el viaje

Por cierto, he estado jugando con el nuevo servicio Buzz de Google. Tiene geolocalización cuando comentas algo, así que casualmente vi comentarios (salen unos globitos en el mapa) sobre un italiano de Torrejón, el Chacabuco, con muy buenas recomendaciones, así que decidimos probarlo y no nos defraudó. Tuvimos suerte al ir temprano, ya que casi todo el mundo iba con reserva. Como curiosidad, tenían “papas con mojo”, así que lo que no comí en Canarias, lo probé en Torrejón.

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Por fin vacaciones (V)

Hoy ha tocado Ribadeo, donde hemos tratado de hacer la ruta de los miradores, llegando hasta un faro, pasando por una antigua fortaleza (que está al borde de un acantilado y encima tiene foso alrededor) totalmente inexpugnable.

A lo largo del día, estuvo lloviendo y las temperaturas bajaron, llegando a ver hasta 12 grados en el termómetro del coche.

Tras la fortaleza, hemos ido a Avilés, donde dimos una vuelta por el centro y de allí, como estábamos al lado de Gijón, nos animamos a ir allí, así que ya conocemos casi toda la A-8. Una vez en Gijón, comimos en un italiano (Vesubio) justo frente al puerto deportivo, muy bien de precio y servicio. Para bajar la comida, nada mejor que da una vueltecita por el casco antiguo y luego al parque donde está el “cagadero de King-Kong”, aunque esta vez, al contrario que en Noviembre de hace dos años, con la lluvia y el viento no se hacía del todo apetecible hacer fotos ni sacar las manos de los bolsillos. Finalizamos el día con un resbalón de Alicia justo en la puerta de una cafetería, pero bueno, tras unas risas, nos tomamos un cafetillo y vuelta al hogar.

Pero esa vuelta al hogar no fue directa, sino pasando, o mejor dicho, dando una segunda oportunidad a la Praia das Catedrais (cuando trato de hablar en gallego, me sale acento portugués…). Como ya comenté, la otra vez no pudimos ver los famosos arcos, así que carreteando por cuasi-caminos, estuvimos viendo playas muy chulas, con algunas nubes, pero con algún claro.

Tras unas paradas y fotillos por la zona, en la Ruta das Praias, fuimos a Foz, que está cerca de la casa rural pero no habíamos visto todavía. Tienen una playa muy interesante, que no tiene nada que envidiar a las de Valencia, en cuanto a anchura se refiere), pero imagino que el agua estará un pelín fría.

Ya por fin, finalizamos en la casa rural, a reposar después de tanta aventura o mejor dicho, de tantos kilómetros, pues a lo tonto, estamos yendo de un lado para otro.

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Se nota que el trimestre está avanzado

Ya llevaba un tiempecillo sin escribir, pues se nota que el trimestre ya está avanzado y el poco tiempo que me sobra hay que aprovecharlo.

La semana pasada, la de San Isidro, donde tuve festivo, fue relativamente tranquila, aunque tuve un par de días de “acción” en Guadalajara. Quería haber comprado, como recompensa pues se solucionó el problema, una caja de bizcochos borrachos en Hernando, pero como el cliente me acompañó casi hasta el coche, me dió un poco de apuro. En cualquier caso, tampoco me convienen.

Esta semana sin embargo ha sido algo más movida. He estado en Santander y Gijón. Fui en avión, pues en coche implica una noche más de hotel y un día perdido (entre ida y vuelta), así que sale rentable. El aeropuerto ya lo conocía, pero creo que lo han ampliado y ahora tiene dos fingers. Para moverme por allí alquilé un coche con LastMinute que sale más barato que directamente con Atesa y, aunque era con franquicia (todo el rato pensando en que me iba a tocar a mi pagar cualquier arañazo), LastMinute tiene un seguro (mucho más barato) que te devuelven el dinero.

Hacia la primera reunión, por el paseo marítimo

Hacia la primera reunión, por el paseo marítimo

Por la mañana tocaron reuniones en Santander y por la tarde Gijón (donde comí, para variar en un chino, pues tienes una buena mesa en la que abrir el portátil y trabajar un poco), para por la noche volver a Santander. Allí me hospedé en el Hotel Escuela Las Carolinas, un sitio muy, pero que muy recomendable. La habitación, el trato… todo excelente.

En el museo arqueológico están quitando ciertos escudos

En el museo arqueológico están quitando ciertos escudos

Terminado el día, de vuelta a casas, pero en un avioncito de Iberia… al menos no era de hélices, pero se movía bastante. Lo peor es que salí de la Terminal 1 de Barajas y regresé a la 4, tocando coger el autobús que une las terminales (un atraso, en Heathrow hay una especie de metro o un autobús interior… el de Barajas va por la autovía y no pasa por la de peaje, dando más rodeo).

Finalmente, con tanto viaje, me ha tocado currar el finde preparando los trainings que tengo que dar, pues como hemos sacado un nuevo producto, ha cambiado el temario.

En el norte

Esta semana he estado en Santander y Gijón con el trabajo.

Para ir, cogí un vuelo de Ryanair, pues no hay muchas más alternativas a la ultra-cara Iberia. En Barajas había muchísima niebla, por lo que mediante megafonía (seguramente usando voz “sintética” de Loquendo) anunciaban que muchos vuelos estaban sufriendo retrasos. En el caso del mío, el retraso se debió a que el avión se dirigió a una zona entre las pistas donde, mediante camiones con mangueras, rociaron con agua caliente la zona de las alas. Imagino que era caliente pues desprendía mucho vapor.

Al llegar, el aeropuerto de Santander es muy pequeño, tanto, que van avisando cuándo pasar por el control de seguridad para no llenar el “lounge” de espera. Por otro lado, aunque hay un “finger”, todo el mundo va a pie al avión y sube por escalerillas.

Para poder moverme por la zona, alquilé un coche. Habia mirado Pepecar, Europcar, Hertz… pero la más barata, con diferencia era Avis. Además, tienen un servicio de recogida en el aeropuerto. El probleme viene en que lo que has pagado no incluye seguro, así que, si le pasa algo al vehículo, tienes una franquicia de 600 euros. Al final, con seguro ampliado, no difiere mucho de los otros (unos 55 euros día). Había cogido el modelo más económico, un Fiat pequeñín, pero me dieron un León diesel.

Frente al Santander

Frente al Santander

Tras la última reunión de la tarde, salí hacia Gijón, donde tenía el hotel. Pese a que Google Maps indicaba dos horas y todo parecía autovía, hay un tramo que es carretera normal. Si a eso le sumamos que era noche cerrada, no conozco la carretera y que se me da muy mal las carreteras convencionales, tardé algo más. Por otro lado, al llegar a Gijón, el GPS se puso loco y di muchas vueltas. Al final, llegué al hotel Pasaje (30 euros en booking.com), justo enfrente del puerto y muy cerca del parque que tiene el “WC de King Kong” (o el Elogio del Horizonte).

En el puerto de Gijon

En el puerto de Gijón

Al día siguiente, más reuniones y salir pitando a Santander a otra más, justo antes de dejar el coche y volver al aeropuerto a coger el vuelo y de vuelta a Madrid, pero ya para cenar en casa tranquilamente.

Volviendo de Santander

Volviendo de Santander

Como curiosidad en la vuelta, nada mas aterrizar, sono una fanfarria de esas que, en los dibujos suenan en carreras o hipodromos, indicando que habíamos llegado puntuales, como el 90% de los vuelos de Ryanair… qué raro, todos los que hice con ellos fueron de ese 10% restante.